Era un capricho. Un recuerdo de infancia también. Todos hemos de recordar aquellos famosísimos documentales de National Geographic que veíamos de niños. Recuerdo el de las ballenas. Y dentro del de las ballenas siempre me llamó la atención la parte del tiburón ballena, cuando salía un hombre buceando al lado del mamífero que era tiburón y ballena al mismo tiempo.
Un día hace un par de meses viendo en casa de mis padres una sección especial de la Riviera Maya en una revista de viajes apareció en el mapa un dibujo del tiburón ballena. Tiburón ballena. El lugar: Isla Holbox o Isla Contoy.
Pasaron los meses. Un día de visita en Isla Mujeres, por varios lugares de la isla te vendían excursiones para ver al tiburón ballena. Junio 2009. Pregunté y me dieron datos. Ahí empezó la investigación más a fondo. Y decidí ver pronto al tiburón ballena.
No fue posible en junio, tampoco en julio, y llegó agosto. La temporada para ver al tiburón termina en septiembre. Era agosto o las probabilidades de verlo iban a ser menores en septiembre. Además que ya había un plan hecho para septiembre.
Cancún, de agosto del 2009. Un chevy rentado y salgo del aeorpuerto a toda velocidad. Después de una tremenda desviación por unas malas señales, estoy llegando a Valladolid. Pésima confusión, grave desviación. Regreso a tomar camino correcto. De pronto estoy pasando por uno y otro y otro pueblo de la península. Infinitamente cautivantes. La gente, la paz de sus habitantes, la atmósfera de ésos pueblos era algo fantástico. De pronto arrivando a Nuevo Xcan. Después Chiquilá. Ahí se queda el auto estacionado y busco una lancha que me lleve a Holbox, pueblo mágico. Sale una en diez minutos. La tomo y la comparto con una familia, son de Guadalajara y llevan casi una semana en la riviera maya. Dentro de la plática van también a ver al tiburón ballena, y al final de cuentas optamos por rentar juntos la lancha para el día siguiente.
Caminé por el pueblo para buscar un lugar donde dormir. La elección fue un hostal y la opción era cama en un cuarto o casa de campaña. Casa de campaña.
Ya de noche fui a cenar por el pueblo. Muy buena cena en un lugar acogedor en pleno centro. Pescado a la limón y arroz con alcaparras.
Llego el día siguiente, me ví con la familia de Guadalajara en el muelle, se alistó todo, nos dieron las instrucciones una de ellas usar solamente filtro solar biodegradable y como iba a ser para nadar con la ballena y las distancias a mantener.
Buscamos. Y buscamos. Y seguíamos buscando. Pasaron horas sin que la ballena hiciera un solo acto de presencia. En el transucrso vimos cosas fantásticas. Rayas, manta rayas, peces voladores, y lo que primero vimos que fueron increíbles era un pequeño grupo de delfines que nadaron unos minutos al lado de la lancha. Ya después, mucho después salió la aleta dorsal del gigante. El conductor de la lancha se lanzó hasta allá y las demás lanchas de turistas se apresuraron hacia la ballena. Empezaron los turnos para nadar con ella.
Entonces ya sobre la lancha, con el snorkel puesto cuenta el guía hasta tres y ¡al agua!. Te dice con su mano la dirección en la que nades. Adelante, adelante, adelante, rápido, rápido, rápido, y de pronto del lado izquierdo ves un pez azul gigante y eso es verdaderamente gigante y va nadando hacia ti. No puedes creerlo, y no hay tiempo para pensarlo. En el momento que la ballena pasa a tu lado tienes que tratar de nada a toda velocidad para nadar a su lado. Ahí te das cuenta de su verdadero tamaño: esta era de nueve metros de largo. Varios pececitos iban a su lado nadando al mismo ritmo, esto para captar también del plancton que la ballena está comiendo. Su aleta, me acuerdo, como movía la cola para avanzar, tan elegante. Su boca abierta para que entrara el plancton. El gran tiburón ballena.
Después fuimos a snorkear en “cabo catoche”, ahí vimos peces loro, un tiburón gato y decenas de peces. Esa misma tarde partí a Cobá, a conocer unas ruinas mayas. Al día siguiente a Tulum. Y el gran tiburón ballena estaba por alejarse hacia rumbos lejanos, a donde estuviera el plancton.
Agosto 2009.
http://www.flickr.com/photos/borrepilot/sets/72157621921550267/


Continuamos manejando. La carretera de pronto terminó y el camino continuó siendo una precaria brecha. Llegamos a playa Tamarindo, buscamos el lugar en el que nos alojaríamos y alcanzamos a ir un rato a la playa local. Era domingo, así que el pueblo entero aunado a los turistas hacían un agradable tumulto en Playa Tamarindo. En la noche charlamos con unos americanos que estaba de vacaciones también. Fuimos a un bar llamado La Pacífica y conocimos algunas mujeres guapas. Ésa noche bebí más de lo que debía. Al día siguiente fuimos a la playa otra vez. Estuvo lloviendo, pero éso no nos detuvo. Sigueinte paso: lecciones de surf. Fue genial, después de varios intentos porfin pude montar la tabla y dejarme llevar por la ola. Parecía un niño de escasos años que empezaba a caminar y no cabía de la emoción.
Al día siguiente ya entrada la tarde conducimos hacia La Fortuna un área muy bonita en donde se encuentra el Volcán Arenal. Un Volcán activo, el cual si corríamos con suerte podríamos verlo haciendo erupción. La carretera demasiado angosta, rodeamos toda una laguna y el cielo estuvo completamente nublado. Empezó a llover y llovía muy fuerte. Los parabrisas del auto no eran los mejores. De pronto empezamos a oír un ruido demasiado fuerte. Allá a lo lejos se veía en el cielo una enorme mancha naranja. Difuminado el naranja por las nubes. Mario no quiso que nos detuviéramos, y no fue si no hasta el día siguiente que me creyó había sido una erupción del volcán. Al día siguiente fuimos a la catarata La Fortuna. No valía la pena ir al volcán, de hecho nunca pudimos verlo por las condiciones de nubosidad. La catarata estuvo hermosa. De pronto caminamos bosque adentro y hubo un momento demasiado mágico. De pronto la lluvia cayendo sobrenuestro alrededor que eran millones de plantas. El silencio interrumpido por los sonidos de aves e insectos de nuestro alrededor. De pronto Mario ve una rana pequeña y le advierto por ningún motivo la toque, de tocarla en menos de 15 minutos estaría asfixiado. Seguimos caminando y una telaraña enorme con una araña de lo más extraño justo en el centro. Mario de pronto gritó al ver un animal. Era un oso peresozo y lo vimos en el suelo. Es un animal que solo baja de los árboles una vez al mes para hacer necesidades, y lo vimos en el suelo. Inmersos en la niebla creí haber visto un quetzal. Si lo fue así de verdad que estábamos de suerte. Volvimos a la catarata y de ahí la subida hasta el estacionamiento. Todo en condiciones de lluvia lo cual lo tornó aún más una aventura.